BAREMO ANOMALIAS ENCEFÁLICAS

1. Alteraciones del estado mental y de la función integradora.
Se realizará de acuerdo con los criterios definidos en baremo de trastornos mentales.
2. Alteraciones emocionales o conductuales.
Se realizará de acuerdo con los criterios definidos en baremo de trastornos mentales.
3. Afasia o alteraciones de la comunicación.
Se realizará de acuerdo con los criterios definidos en baremo de trastornos lenguaje.
4. Alteraciones del nivel de consciencia.
Serán objeto de valoración las alteraciones de nivel de conciencia: obnubilación, somnolencia, estupor y coma. No se considerarán las alteraciones del contenido de la consciencia como delirio, demencia y psicosis que serán valoradas según baremo de trastornos mentales. Se considerará la alteración de consciencia como crónica cuando su evolución sea superior a tres meses. Cuando las alteraciones de consciencia sean continuas, es decir, no cursen por brotes, la alteración de consciencia, incluso en sus formas más leves como la obnubilación incapacitan al paciente para las actividades de la vida diaria y serán valoradas con un porcentaje igual a 75%. La alteración neurológica pueden ser debida a un trastorno funcional y, por tanto, reversible, por lo que deberán reevaluarse periódicamente cada tres años. La evaluación de la discapacidad originada por estos trastornos se realizará aplicando los criterios de la tabla 1.
5. Trastornos del sueño y del despertar (o de la alerta y el sueño)
Entre las alteraciones de la alerta y el sueño sólo serán objeto de valoración las hipersomnias. Otras alteraciones del sueño como las hiposomnias y parasomnias deberán valorarse junto con el trastorno de origen. El trastorno del sueño deberá haber sido comprobado mediante pruebas objetivas (polisomnograma). La valoración requiere que el trastorno sea crónico y no responda al tratamiento. Se considerará que se encuentra en esta condición cuando hayan transcurrido seis meses desde la instauración de la terapéutica adecuada. La alteración neurológica pueden ser debida a un trastorno funcional y, por tanto, reversible, por lo que deberán reevaluarse periódicamente cada tres años. La evaluación de la discapacidad originada por estos trastornos se realizará aplicando los criterios de la tabla 1.
6. Trastornos neurológicos episódicos: epilepsia
El diagnóstico y tipificación de la epilepsia se efectúa en virtud de datos clínicos sobre el comienzo, frecuencia, duración y manifestaciones clínicas. Es una enfermedad primaria o secundaria que habitualmente que habitualmente se controla con tratamiento adecuado, no limitando las actividades del sujeto. En algunas ocasiones y de modo transitorio pueden aparecer crisis comiciales por indisciplina terapéutica, interacciones farmacológicas o por la aparición de enfermedades intercurrentes. En casos poco frecuentes, los pacientes pueden permanecer con crisis repetidas, a pesar del tratamiento correcto constituyendo lo que se denomina epilepsia refractaria. Sólo serán objeto de valoración este último grupo de pacientes. De modo general pueden señalarse que las epilepsias que cursan con crisis generalizadas tipo ausencias y convulsiones tónico-clónicas siempre del mismo tipo, tendrán una buena respuesta terapéutica. Para considerar que un paciente se encuentra adecuadamente tratado se precisa la demostración de una correcta dosificación de fármacos antiepilépticos, mediante determinación de niveles plasmáticos de fármacos que deberán encontrase en rangos terapéuticos. Será necesario que el paciente haya permanecido con crisis, a pesar del tratamiento correcto, durante más de un año antes de proceder a la valoración. La discapacidad que produzca la epilepsia dependerá fundamentalmente del número y tipo de crisis. Las crisis generalizadas tipo ausencias y las parciales simples son menos discapacitantes que las restantes crisis generalizadas tipo mioclónicas, tónicas, tónico-clónicas y atónicas y que la crisis parciales complejas. Por este motivo, las ausencias y crisis parciales simples sólo serán incluidas en clase I o clase II. Dado que muchas epilepsias aparecidas en la infancia tienen tendencia a estabilizarse con la edad, en estos casos se realizaran revisiones cada cinco años. La evaluación de la discapacidad se llevará a cabo aplicando criterios definidos en tabla 1.
Tabla 1: Criterios para la asignación del grado de discapacidad originando por las alteraciones crónicas episódicas del nivel de conciencia y la vigilia, la alerta y el sueño, y de la epilepsia.
7. Anomalías motoras y sensoriales y trastornos del movimiento
Las alteraciones motoras sin paresia o debilidad pueden afectar a las actividades de la vida diaria y causar una discapacidad permanente. Entre ellas, sin que esta enumeración sea exahustiva, figuran las siguientes:
1. Movimientos involuntarios como temblores, corea, atetosis y hemibalismo
2. alteraciones de tono y la postura
3. diversas formas de limitación de los movimientos voluntarios, como parkinsonismo con o son bradicinesia
4. Deficiencia de movimientos asociados y sinérgicos, como trastornos del sistema extrapiramidal, cerebro y ganglios basales
5. alteraciones de la marcha compleja y de la destreza manual o ataxia
La evaluación de las deficiencias sensoriales y motoras debidas a trastornos del sistema nervioso central debe documentarse en función de cómo afectan a la capacidad del paciente para realizar las actividades de la vida cotidiana. Dichas alteraciones se valorarán siguiendo los criterios descritos en las tablas 3, 4 y 5. En el supuesto que la deficiencia del sistema nervioso hubiera producido alteraciones en otros aparatos o sistemas, deberla combinarse la discapacidad producida por las alteraciones motóricas y sensoriales con la consecuencia al déficit de los otros sistemas afectados.